31/08/2007
Civilizaciones: Chinos

Chinos (581 al 1466)
El sur había quedado dividido en 10 estados rivales. Un general del ejército de uno de estos estados, llamado Chao Kuang-yin, se hizo con el poder y unificó los estados del sur, fundando la dinastía Song. En los siguientes 20 años, sus descendientes reunificaron China.
La dinastía Song gobernó parte de China hasta 1279. Este fue otro periodo de apogeo cultural y se consideró la gran época de la pintura paisajística China. Hubo un desarrollo impresionante en la actividad económica, incluyendo un gran comercio marítimo. Aumentó la población y crecieron las ciudades; la producción alimenticia creció aún más velozmente que la población; se desarrolló una economía monetaria y la producción industrial se incrementó. Ninguna ciudad europea se aproximaba siquiera al número de habitantes de Chang An, Beijing (Pequín) o Guang Zou (Cantón), todas ellas con más de dos millones de habitantes.
Sin embargo, la riqueza de China atraía enemigos y, en 1206, los mongoles comenzaron sus ataques. Hacia 1279 ya habían conquistado la China de la dinastía Song y trasladado la capital a Pequín. El impresionante desarrollo económico de la dinastía Song llegó a su fin con las conquistas de los mongoles y los aproximadamente 30 millones de bajas que causaron. La dinastía Yuan del imperio mongol reunificó China y ésta volvió a ser una gran potencia militar y mundial. La influencia China se extendió por Asia. Hanoi fue tomada tres veces y se le cobraron impuestos a Birmania. Se desarrolló el comercio con la India, Arabia y el Golfo Pérsico. Marco Polo visitó China durante este periodo.
Los desastres naturales y la subida de impuestos durante el siglo XIV provocaron rebeliones rurales. Un monje budista se convirtió en uno de los líderes de los Turbantes Rojos, una sociedad secreta opuesta al emperador de Pequín. Los rebeldes tomaron Nanjing en 1356 y 12 años más tarde expulsaron a los mongoles de Pequín, estableciendo la dinastía Ming. La dinastía Ming presidió otro florecimiento cultural y estableció una unidad política que sobrevivió a la dinastía Ming y duró hasta el siglo XX. Sin embargo, la dinastía Ming impuso un aislamiento y conservadurismo estrictos, oponiéndose al cambio y a la innovación, prohibiendo los viajes al exterior, y cerrando la Ruta de la Seda. Uno de los aspectos más notables de la China medieval son sus tecnologías, inventadas normalmente muchos siglos antes de su transmisión a Europa o del desarrollo en ésta de avances similares. Entre los inventos importantes chinos se incluyen: la brújula, la carretilla, el ábaco, los arreos de las monturas, el estribo, el reloj, el hierro fundido, el acero, el papel, la impresión móvil (la imprenta), el papel moneda (los billetes), la pólvora y el codaste.
Atila según Prisco

El historiador romano Prisco conoció a Atila en 448, como parte de una comitiva diplomática, y esto fue lo que contaba de él durante una recepción:
Había mesas a cada lado de la de Atila. Un primer sirviente llevó ante Atila un plato de carne; detrás de ése, otros distribuyeron pan y luego otros depositaron legumbres sobre la mesa. Pero mientras para los otros bárbaros, como asimismo para nosotros, los manjares venían bien arreglados en vasija de plata, a Atila se le sirvió en una escudilla de palo, y únicamente carne. En todo mostraba la misma austeridad. Su vestido era simple, y no ofrecía otro lujo que la limpieza. Aún su espada, los cordones de sus calzas, las riendas de su caballo no estaban, como la de los demás escitas, adornados de oro, gemas ni materiales preciosos algunos (…). Cuando vino la tarde, se encendieron antorchas. Dos escitas se ubicaron frente a Atila y recitaron cantos compuestos por ellos para celebrar sus victorias y virtudes guerreras. Después apareció un orate, que se explayó en dilates e inepcias completamente borras de sentido común, haciendo reír a carcajadas a todo el mundo.
Civilizaciones: Hunos

Hunos (408 al 453)
Los hunos eran un pueblo nómada procedente de la zona de Mongolia, en Asia Central, que empezó a emigrar hacia el oeste en el siglo tercero, probablemente a causa de cambios climáticos. Los caballos tenían una gran importancia para este pueblo, habituado a luchar a caballo utilizando como armamento lanzas y arcos. Emigraron con sus familias y grandes rebaños de caballos y otros animales domésticos en busca de nuevas tierras de pastos donde instalarse. Por su destreza y disciplina militares, nadie fue capaz de detenerlos y desplazaron a todos los que encontraron a su paso. Provocaron así una oleada de migraciones, ya que los pueblos huían antes de que llegaran para no encontrarse con ellos. Este efecto dominó de grandes masas bordeó el frente impenetrable que representaba Constantinopla y el Imperio romano de Oriente, extendiéndose por las orillas del Danubio y el Rin hasta que aplastaron el Imperio romano de Occidente en el año 476.
Los hunos encontraron tierras que les convenían en la llanura húngara de Europa oriental y allí se establecieron, ubicando su sede central en la ciudad de Szeged, a orillas del río Tisza. Necesitaban grandes extensiones de pastos para proporcionar forraje a sus caballos y otros animales. Desde esta llanura, controlaron mediante alianzas o conquistas un imperio que acabó por extenderse desde los montes Urales de Rusia hasta la orilla del Rin en Francia.
Los hunos eran excelentes jinetes, que entrenaban para la monta desde corta edad, y se cree que fueron los primeros en utilizar el estribo, elemento de suma importancia para aumentar el poder de lucha de un hombre a caballo con la lanza en ristre. Sembraron el terror en sus enemigos por la rapidez con la que se movían y cambiaban de caballo varias veces al día para mantener este dominio. Una segunda ventaja fueron los arcos compuestos, bastante superiores a cualquier arma utilizada en aquella época en Occidente. De pie y apoyados en los estribos, podían disparar por el frente, por los costados y por detrás. Sus tácticas se caracterizaron por la sorpresa, los ataques relámpago y el terror que producían después. Constituían un ejército de caballería ligera y su estructura política se basaba en un líder carismático que les guiaba hacia un objetivo.
El poder de los hunos llegó a su punto álgido durante el mandato de Atila, que fue nombrado líder de los hunos en el año 433 e inició una serie de ataques en el sur de Rusia y en Persia. Posteriormente centró su atención en los Balcanes, causando tal terror y estragos en dos importantes asaltos que le pagaron para que se retirara. En el año 450 se dirigió hacia el Imperio de Occidente, cruzando el Rin al norte de Maguncia con aproximadamente 100.000 guerreros. Avanzó en un frente de más de 150 kilómetros y saqueó la mayor parte de ciudades de lo que es hoy el norte de Francia. El general romano Aecio preparó para combatirlos un ejército galorromano y avanzó contra Atila, que estaba asediando la ciudad de Orleans. En la batalla de los Campos Cataláunicos, las tropas de Atila fueron derrotadas, aunque no destruidas.
La derrota de los Campos Cataláunicos está considerada como una de las batallas más decisivas de la historia, ya que habría podido significar el fin de la religión cristiana en Europa occidental y, tal vez, el dominio de la zona por pueblos asiáticos.
Posteriormente, Atila invadió Italia en busca de nuevos botines. Cuando entró en ella, numerosos refugiados escaparon a las islas cercanas de la costa y fundaron, según la tradición, la ciudad de Venecia. Aunque las tropas romanas fueron derrotadas y los ejércitos más importantes del país aún se encontraban en la Galia, los hunos también estaban debilitados, tras numerosas campañas, enfermedades y hambrunas en Italia. En un encuentro trascendental con el Papa León I, Atila aceptó retirarse.
El imperio de los hunos se desintegró en el año 453 tras la muerte de Atila, pues no había ningún líder fuerte que consiguiera mantener la unidad del pueblo. Los pueblos sometidos se sublevaron y las diferentes facciones se enfrentaron para conseguir el poder. Con el tiempo el imperio se deshizo con la llegada de nuevos invasores, como los ávaros, y desapareció de la historia.
25/07/2007
Civilizaciones: Persas

Persas (220 al 651)
El Imperio Persa hacía ya muchos siglos que existía al iniciarse la Edad Media. Tras la conquista de Alejandro en el siglo IV a.C. y el subsiguiente desmoronamiento de su imperio en siglos posteriores, el Imperio Persa se había reunificado. Los persas llevaban luchando contra los romanos desde el siglo III d.C.
El Imperio Persa se extendía desde Mesopotamia a la India y desde el Mar Caspio hasta el Golfo Pérsico, lo que abarca los actuales estados de Irak, Irán y Afganistán. Lucharon contra los romanos y más tarde contra los bizantinos por el control de los territorios de las actuales Siria, Turquía, Palestina, Israel, Egipto y Arabia. La capital del Imperio Persa era Ctsesiphon, actualmente Bagdad.
Los romanos hicieron diversos intentos por subyugar a los persas durante los siglos III y IV, y finalmente firmaron un tratado de paz en el año 364 por el cual los persas consolidaban su hegemonía en el este y en el norte. Los persas comenzaron sus ataques contra el imperio bizantino en Siria, Palestina, Egipto y la actual Turquía. La guerra entre las dos potencias sufría continuos avances y retrocesos. Los persas sitiaron Bizancio sin éxito en el año 626. Un año después, los bizantinos invadieron Persia. Finalmente, y ya exhaustos, firmaron la paz en el año 628.
Los persas no estaban preparados para los furibundos ataques islámicos del siglo VII. La dinastía Sasánida de Persia pereció en la lucha en el 636. La capital persa no tenía defensas comparables a las de Constantinopla. En el 651, toda Persia estaba en manos de los musulmanes.
Civilizaciones: Ingleses

Ingleses (500 en adelante)
Tras la retirada de las legiones romanas a la Galia (actualmente Francia) en torno al año 400, las Islas Británicas cayeron en un periodo de oscuridad que duró varios siglos y del que apenas quedan crónicas escritas. La cultura británico-romana que había existido durante 400 años bajo el dominio del Imperio, desapareció a causa de las incesantes migraciones e invasiones bárbaras. Los celtas vinieron de Irlanda (el pueblo de los Scotti dio su nombre a la parte norte de la principal isla, que se llamó Escocia). Los sajones y anglos llegaron desde Alemania, los frisos de la actual Holanda y los jutos de la actual Dinamarca. Hacia el año 600, los anglos y los sajones controlaban la mayor parte de la actual Inglaterra. Hacia el 800, tan sólo las actuales provincias de Gales, Escocia y el oeste de Cornwall permanecían en manos de los celtas.
Los nuevos habitantes fueron llamados anglosajones (palabra que proviene de la fusión de dos pueblos: los anglos y los sajones). Los anglos dieron su nombre a la nueva cultura (Inglaterra viene de "tierra de los anglos"), y la lengua germánica que trajeron consigo reemplazó al idioma celta nativo y al latín importado con la conquista romana. A pesar de posteriores invasiones, y de incluso una conquista militar en fechas más tardías, la parte este y sur de la mayor isla británica se ha llamado desde entonces Inglaterra (y su pueblo e idioma "inglés").
En el 865, se rompió la relativa paz inglesa con una nueva invasión. Vikingos daneses que habían estado haciendo incursiones en Francia y Alemania formaron un gran ejército y dirigieron su atención hacia Inglaterra. En un plazo de diez años, la mayoría de los reinos anglosajones cayeron o se rindieron. Sólo los sajones del oeste (actualmente Wessex) resistieron al mando de Alfredo, único rey inglés que sería llamado "el Grande".
Durante casi 200 años, Inglaterra quedó dividida entre los vikingos, los sajones occidentales y un puñado de reinos ingleses. La mitad vikinga fue llamada Danelaw (que significa "bajo la ley danesa"). Los vikingos recaudaban un elevado impuesto, conocido como el Danegeld ("el oro de los daneses"), a cambio de la paz. Se convirtieron al cristianismo y fueron asentándose gradualmente. Con el tiempo los ingleses se volvieron contra los daneses y, en el 954, fue asesinado el último rey vikingo de York. Por primera vez, Inglaterra se unió bajo un rey inglés de Wessex.
En el año 1066, el Witan ("consejero del rey") ofreció la corona a Harold, hijo del conde de Wessex. Había otros dos pretendientes al trono: Harald Hardrada (que significa "el duro gobernante"), rey de Noruega, y el duque Guillermo de Normandía. El noruego desembarcó primero, cerca de York, pero Harold lo venció en la batalla de Stamford Bridge. Rápidamente y tras su victoria, Harold forzó la marcha de su ejército en dirección sur para encontrarse con Guillermo en Hastings. La batalla osciló a favor de uno y otro bando durante todo el día hasta que, al atardecer, una flecha hirió de muerte a Harold en los ojos. Durante los dos años que siguieron, Guillermo, llamado "el Conquistador", consolidó la conquista de Inglaterra.
Durante el resto de la Edad Media, los sucesores de Guillermo se agotaron a sí mismos y al propio país con una serie de enfrentamientos y guerras encaminadas a expandir o defender sus posesiones en Francia: la Guerra de los Cien Años entre Inglaterra y Francia constituyó un conflicto interminable que se extendió desde 1337 hasta 1453. La aspiración de un rey inglés al trono de Francia, debido a enlaces matrimoniales, fue el detonante del conflicto. Otras causas de esta guerra fueron la lucha por el control del lucrativo mercado de la lana y, entre otros antecedentes, el apoyo francés a la independencia de Escocia. En sus inicios, la guerra se caracterizó por una serie de inesperadas victorias de los ingleses, normalmente debidas a la pericia de los arqueros que, con sus armas de largo alcance, barrían las hordas de vistosas armaduras de la caballería francesa.
Sin embargo, los ingleses no consiguieron alcanzar una victoria definitiva y los franceses lograron rehacerse. Inspirados por Juana de Arco, una joven campesina que decía actuar bajo mandato divino, los franceses contraatacaron triunfando con la toma de Burdeos en 1453. La única posesión que les quedó a los ingleses en el continente fue la de Calais (aunque no por mucho tiempo).
24/07/2007
Civilizaciones: Francos
Francos (509 en adelante) Los francos fueron uno de los pueblos bárbaros germanos conocidos por los romanos. A principios del siglo V empezaron a expandirse hacia el sur desde sus territorios de origen a lo largo del río Rin hasta la Galia (actualmente Francia), dominada por los romanos. Sin embargo, a diferencia de otros pueblos germanos, no abandonaron sus lugares de procedencia, sino que más bien ampliaron sus territorios. Clodoveo, jefe franco, venció a los últimos ejércitos romanos de la Galia y, hacia el 509, unificó a los francos, convirtiéndose en el gobernante de gran parte de Europa occidental. Durante los siguientes 1000 años, el reino franco fue evolucionando hasta dar origen a la actual nación de Francia.
De acuerdo con la tradición, los cuatro hijos de Clodoveo se dividieron el reino tras su muerte. Esta costumbre condujo a guerras civiles y luchas internas entre los sucesivos pretendientes al trono durante muchos siglos. Hacia finales del siglo VII, los reyes merovingios (descendientes de Clodoveo) gobernaban simbólicamente. A principios del siglo VIII, Carlos Martel se convirtió en mayordomo de palacio, estando justo por debajo del rey en importancia. Hizo de los francos una gran fuerza de caballería. Luchaba tan bien que sus enemigos lo apodaron Carlos el Martillo. En el año 732, la caballería francesa derrotó en la batalla de Poitiers a los invasores musulmanes que les atacaban desde el norte de España, dando fin para siempre al avance del Islam desde el sudoeste.
El Papa coronó a Pipino, hijo de Carlos Martel, con el título de rey de los francos a cambio de haberle ayudado a defender Italia de los lombardos. Pipino fundó la dinastía de los carolingios. El más grande de estos gobernantes fue Carlos el Grande o Carlomagno, quien gobernó desde el 768 hasta el 814. Convirtió el reino franco en un imperio donde floreció la cultura y el saber. Sus nietos se dividieron el imperio que, como resultado, quedó fraccionado en dos. La parte occidental se convirtió en el reino de Francia, aunque los reyes posteriores perdieron gradualmente su control político. La autoridad central se derrumbó bajo la presión de las guerras civiles, las luchas fronterizas y las incursiones vikingas. El único medio de conseguir soldados y dinero era hacer concesiones a los terratenientes. Los feudos pasaron a ser hereditarios y quienes los detentaban se convirtieron en señores feudales con vasallos propios. Hacia el siglo X, Francia se encontraba dividida en dominios feudales que actuaban como estados independientes.
En el 987, la nobleza francesa proclamó rey a Hugo Capeto. La razón principal fue que su feudo, centrado en París, era más bien débil, por lo que pensaron que no supondría una amenaza. Hugo fundó la dinastía de los reyes capetos, quienes lentamente y a lo largo de dos siglos recuperaron el poder mediante la creación de seguros caminos reales, engrandeciendo sus dominios, fomentando el comercio, y otorgando cartas reales a las nuevas ciudades y feudos. Aliándose con la Iglesia, los Capetos consiguieron una fuerte posición moral y se beneficiaron de la influencia cultural, política y social de ésta. La administración real se volvió más eficiente y leal al rey al dejar los cargos públicos de ser hereditarios.
Empezando por Felipe II en 1180, Francia se convirtió en una de las naciones más importantes de Europa gracias a tres grandes gobernantes. Mejoraron el funcionamiento del gobierno, fomentaron un próspero comercio, recaudaron impuestos de manera eficiente y fortalecieron su posición en la cima de la jerarquía feudal. Aunque se estableció una asamblea nacional llamada los Estados Generales, ésta no tenía realmente ningún poder y fue ignorada con éxito.
La Guerra de los Cien Años, largo conflicto entre Francia e Inglaterra, tuvo lugar para decidir de quién eran las tierras de Francia que habían sido heredadas por reyes ingleses, y duró desde el año 1337 hasta 1453. Finalmente, la victoria francesa hizo del rey la fuerza política más poderosa de Francia.
La historia de Artavasdo: El emperador que gobernó solamente por dieciseis meses
Es bien conocido el hecho de que las luchas por el poder en Bizancio fueron arduas y constantes a través de toda su historia.Muchos fueron los que creyeron que podían ser emperadores con el apoyo de un sector del ejército, algunos funcionarios y el de los obispos o patriarcas.Como nunca hubo una ley de sucesión que marcara claramente cómo se haría el traspaso del poder a la muerte del emperador de turno, cada vez que un emperador moría comenzaba esa lucha de poderes que solía traer la fortuna para algunos y la desgracia para otros. Un buen ejemplo de esto es la sucesión de León III, uno de los mas grandes
emperadores de Bizancio, muerto en 741.
Conspiración en Constantinopla: asesinato del Emperador León El Armenio en 820.
Sabemos muy bien que en Constantinopla las conspiraciones siempre estaban a la orden del día; la falta de una ley clara de sucesión al trono, la ambiguedad que iba desde la sucesión hereditaria hasta la proclamación por el ejército, y la coronación por el patriarca que hacía legal una revuelta provocaron una gran cantidad de conspiraciones, con mayor o menor suerte para los protagonistas, pero que casi siempre significaban la muerte o la desgracia para unos y el trono para otros. Sin embargo, ninguna de las conspiraciones que se recuerdan en Bizancio fue comparable a la que sufrió León el Armenio (León V). Era este un buen gobernante que accedió al poder cuando era un general famoso en Junio de 813 tras la derrota de Miguel I Rangabé en Versinikia. Durante la batalla el ejército de León el Armenio (que era strategos del thema de Anatolia) se retiró por desacuerdos estratégicos, y luego de la derrota se dirigió a Constantinopla donde sus soldados lo aclamaron emperador y el patriarca lo consagró, dándole legitimidad a su investidura. Como emperador repuso la iconoclastia, convencido de seguir los designios de León III y Constantino V, a quien el pueblo seguía recordando como el mejor guerrero de Bizancio.
Luego de siete años de buena administración, León V tenía asegurada a su dinastía con una única sombra: Miguel el amoriano (de Amorium, en Asia Menor) domestikos (jefe o comandante) de los excubitores, poderosa guardia (tagma) de la capital. Aunque se descubre a Miguel en una conspiración (que tal vez solo fuera una excusa) y es condenado a muerte. La muerte planeada daba muestras de la crueldad heredada de los romanos: sería atado a un poste y arrojado a la calefacción del agua de palacio. Corría el año 820 y era la fecha de Navidad, por lo que la emperatriz Teodosia fue piadosa y rogó al emperador que se aplazara un día la ejecución.León V accedió, pero, intranquilo por el carácter popular de Miguel entre los soldados del tagma de los excubitores, decidió ver con sus propios ojos que el prisionero estuviera en su celda esa noche. Sin embargo Miguel contaba con sus soldados que, igual que sus antepasados los romanos eran absolutamente leales a su general, y entre ellos a uno en especial: Teoctistos, quien se había jurado salvar a su querido general. Este soldado del tagma de los excubitores decide entonces realizar un acto tan osado como peligroso: en el oficio de Navidad a la mañana siguiente, donde el emperador concurre con todas sus galas, se introduce con varios de sus compañeros excubitores entre el coro, cuando el emperador estaba cantando lo rodean y lo matan, luego, cumpliendo la segunda etapa del plan, se dirigen corriendo al palacio, liberan a Miguel, y con este aún encadenado y semidesnudo proceden a proclamarlo nuevo emperador.El patriarca convalidó el acto ese mismo día consagrando emperador a Miguel II el Amoriano, con lo que comenzaba la dinastía Amoriana y la dinastía Armenia moría antes de comenzar, esa misma mañana de navidad de 820.
Civilizaciones: Bizantinos

Bizantinos (476 a 1456)
Los bizantinos tomaron su nombre de Bizancio, una antigua ciudad griega situada en el Bósforo, vía fluvial estratégica que une el Mar Negro con el Egeo. En el siglo IV, el emperador romano Constantino la había rebautizado como Constantinopla, convirtiéndola en la segunda capital de su imperio. El Imperio Romano de Oriente sobrevivió casi mil años al Imperio Romano de Occidente, defendiendo Europa de las invasiones orientales de los persas, árabes y turcos. Los bizantinos perduraron porque Constantinopla estaba bien defendida por murallas y podía ser abastecida desde el mar. En el cenit de su esplendor, a mediados del siglo VII, los bizantinos habían recuperado gran parte de los territorios del antiguo Imperio, excepto la península Ibérica (actualmente España y Portugal), la Galia (actualmente Francia) y Gran Bretaña. Los bizantinos también mantuvieron el control sobre Siria, Egipto y Palestina, aunque a mediados del siglo VII lo habían perdido ante los árabes. Desde entonces, su imperio consistía principalmente en los Balcanes y la Turquía actual.
El primer gran emperador bizantino fue Justiniano I (482 a 565). Su ambición era restaurar el antiguo Imperio Romano, lo que estuvo casi a punto de lograr. Su instrumento fue Belisario, el gran general de la época, quien agrandó el imperio por los cuatro puntos cardinales derrotando a los persas por el este, a los vándalos en el norte de África, a los ostrogodos en Italia y a los búlgaros y eslavos en los Balcanes. Además de sus campañas militares, Justiniano sentó las bases de su futuro imperio al establecer un fuerte sistema administrativo y legal. También fue un defensor del cristianismo.
La economía bizantina fue durante muchos siglos la más rica de Europa porque Constantinopla estaba muy bien situada en las rutas comerciales entre Asia, Europa, el Mar Negro y el mar Egeo. También era un punto de destino importante para la Ruta de la seda desde China. El nomisma, la principal moneda de oro bizantina, fue la moneda oficial del Mediterráneo durante 800 años. Finalmente, la posición estratégica de Constantinopla atrajo la envidia y la animosidad de las ciudades-estado italianas.
La fuerza clave del Imperio Bizantino fue la superioridad de su ejército, que recurrió a lo mejor de la experiencia bélica de los romanos, los griegos, los godos y de Oriente Medio. El núcleo del ejército era la caballería pesada, que actuaba de fuerza de choque apoyada por la infantería ligera (arqueros) y la infantería pesada (espadachines con armadura). El ejército, dividido en unidades, estaba entrenado en tácticas y maniobras. Los oficiales recibían educación en historia y teoría militar. Aunque con frecuencia eran superados en número por masas de soldados carentes de preparación, el ejército bizantino prevalecía gracias a tácticas inteligentes y a una buena disciplina. Una red de espías y agentes secretos, que filtraba información acerca de los planes de los enemigos, reforzaba al ejército, permitiendo utilizar el soborno u otras formas de desviar al enemigo.
La marina bizantina mantenía abiertas las rutas comerciales marítimas, así como las líneas de suministro de la ciudad para evitar que ésta tuviera que rendirse de hambre en caso de asedio. En el siglo VIII, el ataque marítimo y terrestre de los árabes no tuvo éxito debido a un arma secreta: "el fuego griego". Este arma química, cuya composición se desconoce en la actualidad, era una especie de líquido de napalm que podía ser rociado con una manguera. "El fuego griego" provocó la destrucción de la marina árabe.
Durante los siglos VII y VIII, los árabes invadieron Egipto, Oriente Medio, el norte de África y España, despojando para siempre al Imperio Bizantino de esos territorios. La victoria de los turcos en Manzikert, en el año 1071, tuvo como consecuencia la devastación de Asia Menor, principal fuente de cereales, ganado, caballos y soldados del imperio. En el año 1204, los cruzados al mando del Dogo de Venecia saquearon a traición Constantinopla.
En el siglo XIV, los turcos invadieron Europa tomando Adrianópolis y evitando enfrentarse a Constantinopla. Un gran número de ellos se asentó en los Balcanes, derrotando a un gran ejército cruzado en Nicópolis en 1396. En mayo de 1453, el sultán turco Mehmet II tomó la debilitada Constantinopla con la ayuda de pesados cañones. Con la caída de Constantinopla, el Imperio Bizantino tocó a su fin.
Nombres, Apodos y Célebres Vikingos
Nombres Masculinos | Nombres Femeninos |
| Alf Ari Asbjorn Asgeir Atli Bersi Bjarni Bjorn Egil Einarr Erik Eysteinn Finn Finnbogi Flosi Gardar Grim Gunnar Gunnjorn Gunnsteinn Hakon Harald Harek Helgi Hrafnkell Ivar Jon Karl Ketill Kodran Kolbeinn Kolli Oddi Olafur Olaf Orn Ottar Sigmund Sigurd Skuli Snorri Solvi Steinn Sturla Styrmir Sveinbjörn Thorberg Thorbjorn Thorbran Thorfinn Thorgeir Thorgils Thorgrimr Thorir Thorkell Thorlak Thorleif Thorsteinn Thorvald Torfi Ulf Vestein | Alfdis Arnbjorg Arndis Arngerdur Arnkatla Arnleif Asdis Asgerdur Asleif Audhildr Audr Bera Bergdora Bergljot Dalla Droplaug Ellisif Finna Fjorleif Frakokk Freydis Geirhildr Geirlaug Goi Gunnhildur Hallbjorg Halldora Hallbera Hallkatla Hallveig Helga Herboga Herdis Hvarflöd Ingibjorg Ingigerd Ingunn Isgerdur Jaddvor Jarngerdur Jora Luta Melkorka Otkatla Ragna Ragnhildr Rannveig Rjupa Sigridur Sigrir Torfa Thordis Thorey Thorhildur Thorhildur Thorlaug Thorlot Valdis Vidgis Vilborg |
Apodos | Algunos vikingos célebres |
| audgi (rico) durs (gigante) frodi (sabio) gamli (viejo) godi (sacerdote) hersir (jefe) hviti (blanco) kappi (campeón) kraka (cuervo) mikli (grande) mjöksiglandi (viajero) raudi (rojo) smidur (herrero) spaki (sabio) sterki (fuerte) svarti (negro) | Erik el Rojo Leif el Afortunado Gaulag Lengua de Víbora Harald Diente Azul Harald el Despiadado Harald el Buenospelos Grim el Calvo Knut el Grande Bjorn Costilla de Hierro Ottar el Negro Erik Hachasangrienta Onund el Vidente Ragnar Calzaspeludas Hakon el Viejo Hrolf el Caminante Olaf el Blanco |
